5 datos claves sobre el resurgimiento del sarampión

El regreso del sarampión volvió a encender las alarmas sanitarias en América.
Luego de años de progreso en su control e incluso en su eliminación en varios países, la región registra un aumento considerable de casos, incluidos brotes en naciones donde la enfermedad ya se consideraba bajo control.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, durante 2025 y comienzos de 2026 se notificaron miles de contagios en México, Canadá, Brasil, Bolivia y Estados Unidos, entre otros. Esta tendencia se relaciona con la disminución en las tasas de vacunación y la interrupción de campañas preventivas.
Las autoridades sanitarias advierten que la reintroducción del virus pone en riesgo décadas de avances en salud pública y requiere acciones rápidas y coordinadas para impedir que se restablezca la transmisión sostenida.
En este escenario, el incremento de casos en Estados Unidos preocupa especialmente a los expertos. Un informe reciente de la Universidad de Stanford analiza las causas del repunte y propone medidas urgentes para evitar consecuencias más graves.
1. Caída en la vacunación y más brotes El factor principal detrás del aumento de casos es la disminución en la cobertura de la vacuna. El sarampión es altamente contagioso: nueve de cada diez personas sin inmunidad que tienen contacto con un infectado contraen la enfermedad.
Para frenar su propagación, al menos el 95% de la población debe contar con dos dosis de la vacuna. Sin embargo, en distintos sectores de Estados Unidos la cobertura cayó por debajo de ese nivel. En 2025 se confirmaron 2.255 casos en el país, casi ocho veces más que el año anterior, según datos de Stanford.
2. No es una enfermedad leve: síntomas y riesgos El sarampión suele comenzar con fiebre y síntomas respiratorios, a menudo acompañados de conjuntivitis. Posteriormente aparece una erupción cutánea que inicia en el rostro y se extiende al resto del cuerpo.
Las complicaciones pueden ser severas, como neumonía, inflamación cerebral, abortos espontáneos e incluso la muerte. Meses o años después, algunas personas pueden desarrollar encefalitis por cuerpos de inclusión o panencefalitis esclerosante subaguda, afecciones casi siempre mortales. No existe tratamiento específico para estas complicaciones; la única forma de prevenirlas es mediante la vacunación.
Además, la infección provoca una disminución temporal de las defensas, lo que deja a los pacientes más vulnerables a otras enfermedades durante semanas o meses.
3. Sin antivirales específicos No hay fármacos antivirales que reduzcan la duración o la gravedad del sarampión. El abordaje médico se limita a cuidados de apoyo.
En personas con alto riesgo que no pueden vacunarse —como bebés pequeños, mujeres embarazadas o personas inmunodeprimidas— puede administrarse inmunoglobulina intravenosa después de la exposición para intentar prevenir el desarrollo de la enfermedad.
4. La vacuna es segura y esencial La inmunización contra el sarampión es segura y constituye la herramienta más eficaz para prevenir la infección. Para proteger a quienes no pueden recibirla, se recomienda que familiares y cuidadores estén vacunados y eviten entornos de riesgo durante brotes.
En situaciones de brote o viajes a zonas afectadas, la vacuna puede aplicarse a bebés desde los seis meses. La Universidad de Stanford recalca que no existe evidencia que vincule la vacuna con el autismo, un mito ampliamente desacreditado por la comunidad científica.
5. Inmunidad según edad y esquema de vacunación La protección contra el sarampión depende del año de nacimiento y del historial de vacunación. Las personas nacidas antes de 1957 suelen considerarse inmunes por haber estado expuestas al virus antes de que existiera la vacuna.
Quienes nacieron en 1990 o después y recibieron dos dosis están adecuadamente protegidos. En cambio, los adultos nacidos entre 1957 y 1989 podrían haber recibido solo una dosis, por lo que se recomienda consultar con un profesional de la salud para evaluar si necesitan refuerzo, especialmente según su edad, ocupación o viajes. También es posible realizar un análisis de anticuerpos para confirmar la inmunidad.
La evidencia científica respalda la seguridad y eficacia de la vacuna. Los especialistas insisten en que mantener altas tasas de inmunización es fundamental para proteger la salud colectiva y evitar nuevos brotes.
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