Cómo el ejercicio repara el cerebro dañado por la depresión

La depresión es una condición compleja que impacta tanto la mente como el organismo. Sin embargo, la evidencia científica señala que el ejercicio físico es una herramienta accesible y eficaz para apoyar su manejo.
Más allá de mejorar la forma física, la actividad regular desencadena cambios neuroquímicos que disminuyen el estrés, estabilizan el estado de ánimo y fortalecen la capacidad de adaptación emocional, convirtiéndose en un recurso importante para la salud mental.
Liberación natural de endorfinas Al realizar actividad física, el cuerpo produce endorfinas, sustancias que actúan como analgésicos naturales y generan sensaciones de bienestar. Estas ayudan a reducir la percepción del dolor y pueden aliviar temporalmente la sensación de apatía o tristeza asociada con la depresión, funcionando como una recompensa biológica tras el esfuerzo.
Impulso a la neuroplasticidad El ejercicio aeróbico estimula la producción del BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una proteína fundamental para la supervivencia neuronal y la creación de nuevas conexiones cerebrales. Esto resulta especialmente relevante en el hipocampo, área que puede verse afectada en casos de depresión prolongada, favoreciendo procesos de recuperación estructural.
Mejor control del cortisol La actividad física contribuye a regular el cortisol, conocido como la hormona del estrés. Al exponer al cuerpo a un esfuerzo controlado, se mejora la capacidad de respuesta ante situaciones estresantes, lo que se traduce en mayor estabilidad emocional y menor vulnerabilidad ante episodios de ansiedad o tristeza intensa.
Aumento de serotonina y dopamina Además de endorfinas, el ejercicio incrementa la disponibilidad de serotonina y dopamina, neurotransmisores esenciales para el equilibrio del estado de ánimo y la motivación. Dado que en la depresión suelen encontrarse alteraciones en estas sustancias, la actividad física puede actuar de manera similar a algunos tratamientos farmacológicos al mejorar la comunicación neuronal.
Interrupción de pensamientos negativos La depresión suele acompañarse de rumiación constante. Al ejercitarse, la atención se centra en el movimiento, la respiración y el momento presente, lo que interrumpe el ciclo de pensamientos autocríticos y proporciona un descanso mental temporal frente al malestar emocional.
Mejor calidad del sueño Los trastornos del sueño son frecuentes en la depresión. El ejercicio ayuda a regular los ritmos biológicos y favorece un descanso más profundo y reparador. Dormir mejor permite al cerebro procesar emociones de forma más eficiente y recuperar su equilibrio químico.
Refuerzo de la autoestima y la sensación de logro Cumplir con una rutina de actividad física, aunque sea breve, genera una percepción de logro. Para quien enfrenta depresión, completar una caminata o sesión de entrenamiento fortalece la sensación de control personal y contribuye a reconstruir la autoestima.
Mayor conexión social Practicar ejercicio en espacios compartidos, como parques o clases grupales, puede disminuir el aislamiento. La interacción, incluso mínima, fomenta el sentido de pertenencia y ayuda a contrarrestar la soledad, un factor que suele agravar los trastornos del ánimo.
Disminución de la inflamación Estudios recientes relacionan la depresión con procesos inflamatorios crónicos. El ejercicio regular ejerce un efecto antiinflamatorio sostenido, reduciendo marcadores de inflamación y protegiendo al sistema nervioso de los efectos dañinos del estrés prolongado, lo que podría disminuir el riesgo de recaídas.
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