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Del sueño de ser veterinaria a correr una maratón en el espacio

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Desde niña, Sunita Williams no se veía a sí misma entre cohetes ni estaciones espaciales. Creció en un ambiente marcado por la ciencia, rodeada de libros, dibujos y charlas intelectuales, en una casa donde su padre —neurocientífico de origen indio— llenaba el espacio con esquemas del cerebro y preguntas sobre cómo funciona la mente humana.

En ese entorno, su primer sueño profesional fue ser veterinaria, una carrera que asociaba con el cuidado, la curiosidad científica y el contacto directo con los animales. Sin embargo, una conversación familiar cambió de forma radical su destino y la encaminó hacia una trayectoria inesperada que la llevaría a viajar al espacio en tres ocasiones y a convertirse en una figura clave de la exploración espacial contemporánea.

Sunita Pandya Krishna nació el 19 de septiembre de 1965 y fue la menor de tres hermanos. Su madre, de ascendencia eslovena, trabajaba como técnica en radiología, completando un hogar donde el esfuerzo académico y el interés por la ciencia eran constantes.

La idea de abandonar su vocación veterinaria surgió cuando su hermano mayor ingresó a la Academia Naval de Estados Unidos y le propuso considerar esa opción. No lo hizo apelando a sueños heroicos ni a la conquista del espacio, sino destacando el estilo de vida activo y exigente que ofrecía la Marina.

Aquella sugerencia fue determinante. Williams decidió seguir ese camino y en 1987 se graduó de la Academia Naval con un título en Ciencias Físicas.

El giro fue profundo: pasó de imaginarse en clínicas veterinarias a someterse a entrenamientos intensos, disciplina militar y operaciones aéreas complejas. Con el tiempo se especializó como piloto de helicópteros y desarrolló una carrera operativa que la llevó a participar en misiones en el Mediterráneo, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, como parte del apoyo a la Operación Escudo del Desierto durante la Guerra del Golfo entre 1990 y 1991.

En una entrevista transmitida en vivo desde el espacio, Williams explicó que su paso por la Academia Naval fue clave para su desempeño como astronauta. Señaló que allí aprendió a manejar múltiples tareas, a concentrarse bajo presión y a dejar de lado las distracciones cuando el trabajo lo exige. Reconoció que no siempre obtuvo las mejores calificaciones, pero entendió la importancia de mantener el enfoque, especialmente cuando el desempeño individual afecta a todo un equipo.

En 1993 completó su formación en la Escuela de Pilotos de Pruebas de la Armada estadounidense, donde voló diversos helicópteros militares y participó en evaluaciones técnicas de aeronaves. Dos años más tarde, obtuvo una maestría en Gestión de Ingeniería en el Instituto Tecnológico de Florida y fue asignada al buque USS Saipan.

Desde allí decidió postularse al programa de astronautas, una meta que en ese momento parecía distante incluso para pilotos con amplia experiencia. Williams recordó que recibió comentarios desalentadores, como aquel comandante que le aseguró que ser astronauta era solo para pilotos de jets y no de helicópteros. Sin embargo, ella sostuvo que lo fundamental es no permitir que otros limiten las propias aspiraciones y trabajar con constancia para alcanzar lo que uno desea.

Su camino hacia el espacio no fue inmediato. Presentó su solicitud al programa de astronautas en dos ocasiones y, finalmente, en 1998 fue seleccionada por la NASA. A partir de entonces inició un largo proceso de entrenamiento que incluyó preparación física, evaluaciones técnicas y colaboración en misiones internacionales.

Parte de esa formación la llevó a Moscú, donde trabajó junto a la Agencia Espacial Rusa en el desarrollo y operación de la Estación Espacial Internacional. Antes de su primer vuelo orbital, también participó en 2002 en la misión NEEMO, un experimento diseñado para simular condiciones extremas de aislamiento y convivencia. Durante nueve días vivió bajo el agua en el hábitat submarino Aquarius, frente a las costas de Florida, como preparación para los desafíos psicológicos y sociales de las misiones espaciales prolongadas.

Su debut en el espacio llegó el 9 de diciembre de 2006, cuando despegó a bordo del transbordador Discovery como parte de la misión STS-116. Se integró a la Expedición 14 de la Estación Espacial Internacional, donde permaneció hasta el 26 de abril de 2007.

Durante esos 195 días en órbita, Williams estableció un récord femenino al realizar cuatro caminatas espaciales, acumulando 29 horas y 17 minutos fuera de la estación. Esa misión consolidó su reputación como una de las astronautas más activas y experimentadas de la NASA.

En ese primer viaje también protagonizó uno de los episodios más llamativos de su carrera: participó en el Maratón de Boston desde el espacio, completando los 42 kilómetros sobre una cinta de correr instalada a bordo de la estación espacial.

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