El ejercicio aeróbico demostró ser clave para reducir la depresión y la ansiedad

Especialistas australianos en medicina del deporte identificaron que el ejercicio aeróbico, las actividades en grupo y los programas con supervisión profesional generan los mayores efectos positivos en personas con depresión.
En cambio, para quienes padecen ansiedad, las sesiones breves y de baja intensidad parecen ofrecer mejores resultados. Los hallazgos fueron difundidos en la revista British Journal of Sports Medicine.
El análisis mostró que prácticamente cualquier forma de actividad física puede igualar e incluso superar los efectos obtenidos con fármacos o psicoterapia. De acuerdo con los autores, el ejercicio disminuyó tanto los síntomas depresivos como los ansiosos, aunque el entrenamiento aeróbico fue el que produjo el impacto más significativo en ambos casos.
El equipo estuvo integrado por Neil Richard Munro y otros investigadores de la Universidad James Cook, la Universidad de Australia Occidental, la Universidad Deakin, el Kids Research Institute Australia y la Universidad Central de Queensland.
La motivación del estudio surgió ante la elevada frecuencia de depresión y ansiedad a nivel global, trastornos que afectan entre el 7 % y el 25 % de la población mundial y repercuten en la vida social, familiar y laboral. El impacto es especialmente notable en jóvenes y mujeres, lo que subraya la urgencia de contar con intervenciones eficaces y accesibles.
Aunque el ejercicio ya era considerado una herramienta útil, con efectos comparables a los tratamientos convencionales, la diversidad metodológica de investigaciones previas dificultaba posicionarlo como una alternativa de primera línea. Por ello, este trabajo se propuso evaluar cómo influyen variables como tipo de ejercicio, intensidad, frecuencia y modalidad sobre los síntomas de depresión y ansiedad.
También se analizó si los resultados variaban según edad, sexo o diagnóstico clínico. Para evitar sesgos, se excluyeron estudios con participantes que padecían enfermedades físicas crónicas.
La revisión incluyó 63 estudios, que abarcaron 81 metaanálisis y 1.079 investigaciones individuales, con un total de 79.551 participantes de diferentes grupos etarios. Solo se consideraron metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados centrados en ejercicio como intervención para depresión y ansiedad, seleccionados a partir de cinco bases de datos científicas.
Los resultados indicaron que el ejercicio fue beneficioso en todos los grupos poblacionales. En el caso de la depresión, las modalidades aeróbicas, grupales y supervisadas destacaron por su mayor eficacia. Los adultos jóvenes y las mujeres en etapa posparto mostraron reducciones particularmente notables en los síntomas depresivos.
Respecto a la ansiedad, las intervenciones de menor duración e intensidad se asociaron con mejores resultados. Es decir, sesiones más suaves y breves tuvieron una relación más fuerte con la disminución de los síntomas ansiosos.
La práctica en grupo y el acompañamiento profesional ofrecieron ventajas adicionales, ya que la interacción social y el apoyo especializado favorecieron la motivación y el bienestar emocional. Aunque las actividades individuales también resultaron útiles, su efecto fue ligeramente menor.
El estudio confirmó que todas las modalidades —aeróbicas, de fuerza, mente-cuerpo y combinadas— aportaron beneficios consistentes para la salud mental. Los efectos positivos se observaron tanto en personas con diagnóstico clínico como en quienes presentaban malestar emocional sin diagnóstico formal, y se mantuvieron estables en las distintas edades.
Los autores destacaron que la eficacia del ejercicio fue comparable a la de los tratamientos farmacológicos y la psicoterapia en el manejo de síntomas depresivos y ansiosos. Además, resaltaron que la actividad física constituye una estrategia accesible y de bajo costo, especialmente útil en contextos donde los recursos en salud mental son limitados.
Finalmente, recomendaron priorizar el ejercicio como parte del abordaje terapéutico para la depresión y la ansiedad, promoviendo especialmente formatos grupales y supervisados. No obstante, reconocieron ciertas limitaciones, como la variabilidad en la definición de intensidad y duración, y la escasez de datos en algunos grupos etarios.
Concluyeron que estos hallazgos pueden orientar a los profesionales de la salud hacia intervenciones más personalizadas, rentables y respaldadas por evidencia científica, ajustadas a las características y preferencias de cada persona.
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