El invierno puede aumentar el riesgo de deshidratación: síntomas y cómo evitar complicaciones

La llegada del frío no elimina el riesgo de perder líquidos. De hecho, el invierno puede favorecer la deshidratación debido a factores como la menor sensación de sed, el uso constante de calefacción y la sequedad del ambiente.
Especialistas advierten que muchas personas no perciben que también pueden deshidratarse durante la temporada invernal, lo que puede afectar funciones esenciales del organismo y el bienestar general. Además, el aire seco y las bajas temperaturas aumentan la pérdida de agua a través de la respiración y de la piel.
A esto se suma que en invierno suele disminuir la ingesta de líquidos, en parte porque la sensación de sed puede reducirse notablemente en comparación con el verano. Los espacios calefaccionados agravan el problema, ya que disminuyen la humedad ambiental y aceleran la evaporación.
Cómo afecta la deshidratación en invierno
La deshidratación puede presentarse tanto en niños como en adultos mayores, quienes suelen percibir menos la sed y son más vulnerables a los cambios del entorno.
Incluso una deshidratación leve puede causar:
cansancio, dolor de cabeza, piel seca, dificultad para concentrarse, resequedad en labios y mucosas.
También puede aumentar la probabilidad de infecciones respiratorias y urinarias.
Mantener una hidratación adecuada durante todo el año ayuda a preservar funciones como la cognición, la respuesta inmune y la resistencia física.
Factores que favorecen la pérdida de líquidos
Entre los principales factores que aumentan la deshidratación en invierno destacan:
aire seco y calefacción: resecan el ambiente y favorecen la pérdida de agua por piel y respiración; menor percepción de sed: muchas personas simplemente no sienten necesidad de beber; actividad física con ropa abrigada: puede provocar sudoración sin que la persona lo note; consumo de alcohol y cafeína: ambas bebidas pueden aumentar la eliminación de líquidos si se consumen en exceso.
Por eso, incluso en días fríos, es importante no esperar a tener sed para tomar agua.
Cómo prevenirla
Los especialistas recomiendan beber líquidos de manera regular a lo largo del día e incluir alimentos con alto contenido de agua, como:
frutas, verduras, sopas, gelatinas, infusiones sin cafeína.
Un indicador muy útil es el color de la orina: si se vuelve oscura, suele ser señal de que hace falta aumentar la ingesta de agua.
Otras estrategias prácticas incluyen:
usar botellas con marcas de medición, programar recordatorios en el celular, aromatizar el agua con menta o cítricos, mantener buena ventilación en casa, usar humidificador o controlar la humedad ambiental, moderar el consumo de sal.
Grupos con mayor riesgo
La prevención es especialmente importante en:
niños, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, quienes realizan ejercicio en exteriores, personas que permanecen muchas horas en espacios con calefacción.
En estos grupos, enseñar a reconocer señales tempranas como fatiga, boca seca, dolor de cabeza o labios agrietados puede ayudar a evitar complicaciones.
En resumen, durante el invierno también es fundamental hidratarse de forma constante. Aunque la sed sea menor, mantener un consumo regular de líquidos ayuda a proteger la salud, mejorar la energía y sostener el buen funcionamiento del cuerpo durante la temporada fría.
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