Entrevista con Vanessa Franco

“No es la fuerza, sino la perseverancia, la que construye el éxito”
Vanessa Franco, una joven de 24 años originaria de Ciudad del Este, Paraguay, es un ejemplo de esfuerzo, resiliencia y sacrificio. Hace poco más de un año y medio, tomó la difícil decisión de dejar atrás a su familia, su cultura y su hogar, para aceptar una oferta laboral en México, específicamente en Piedras Negras. Su objetivo era claro: obtener un mejor ingreso que le permitiera sostenerse y crecer profesionalmente. Durante 18 meses, Vanessa vivió en hoteles, lejos de la comodidad de su hogar, adaptándose a una rutina intensa de 12 horas diarias, en un entorno completamente distinto al que conocía. La experiencia, aunque desafiante, le enseñó sobre disciplina, independencia y la importancia de la familia. Hoy, de regreso en Paraguay, comparte con nosotros sus vivencias, los retos que enfrentó y los aprendizajes que obtuvo, ofreciendo una mirada humana a la experiencia de quienes migran por trabajo y buscan un futuro mejor.
¿Qué te motivó a aceptar la oferta de trabajo en México?
"La principal motivación fue económica. En Paraguay, mi salario no me permitía cubrir todos mis objetivos y necesidades. La oportunidad de trabajar en México representaba una mejora significativa en mi calidad de vida y un camino para alcanzar independencia financiera".
¿Cómo fue tu primer día en Piedras Negras lejos de tu familia?
"Fue muy difícil. Todo era nuevo: el idioma, la ciudad, la cultura, y sobre todo, la ausencia de mi familia. Me sentí sola, pero también sabía que era un paso necesario para mi futuro".
¿Cuál fue el mayor reto de adaptarte a la vida en hoteles y comer fuera todos los días?
"La alimentación fue lo más complicado. Al no poder cocinar, dependía de comidas compradas que no siempre eran equilibradas. Además, extrañaba el sabor de mi comida casera y la rutina familiar de Paraguay".
¿Cómo manejabas la rutina de 12 horas de trabajo diario?
"Al principio fue agotador, física y mentalmente. Aprendí a organizar mis tiempos, priorizar descansos cortos y mantenerme enfocada. También me apoyaba en la idea de que era temporal y por un bien mayor".
¿Sentiste que tu cultura y tus costumbres se veían afectadas?
"Sí, mucho. Extrañaba hablar con mi familia todos los días, las celebraciones, la comida y la manera de vivir en Paraguay. Era un choque cultural constante, pero intentaba mantener mis tradiciones aunque fuera de manera simbólica".
¿Qué fue lo que más extrañaste de tu familia y tu país?
"Extrañaba todo: mis padres, mis hermanos, los amigos, la comida casera, y hasta pequeños detalles como caminar por mi ciudad o escuchar mi acento alrededor".
¿Recibiste apoyo de la empresa mientras estabas lejos de tu país?
"Sí, en cuanto a hospedaje y alimentación, pero emocionalmente fue un desafío. Nadie puede reemplazar el apoyo familiar, y eso fue lo más difícil de sobrellevar".
¿Cómo mantuviste la motivación durante ese año y medio?
"Pensando en mis metas a largo plazo, en lo que podía lograr para mi futuro y el de mi familia. También me motivaba saber que el sacrificio era temporal y que eventualmente regresaría a Paraguay".
¿Hubo algún momento en el que quisieras rendirte?
"Sí, muchas veces, sobre todo en los días más solitarios o cuando me sentía agotada por las largas horas de trabajo. Pero recordaba por qué había tomado la decisión y eso me daba fuerza".
¿Qué aprendiste de ti misma viviendo esta experiencia?
"Aprendí que soy más fuerte de lo que imaginaba. Descubrí mi capacidad de adaptación, resiliencia y que puedo enfrentar desafíos enormes cuando tengo un objetivo claro".
¿Qué mensaje le darías a otras personas jóvenes que consideren trabajar lejos de su país?
"Que sean conscientes de los sacrificios que implica, que valoren la familia y su cultura, pero que también vean la oportunidad de crecimiento personal y profesional. Es duro, pero puede ser muy enriquecedor".
Ahora que regresaste a Paraguay, ¿cómo ves tu experiencia en retrospectiva?
"La veo como un periodo de mucho aprendizaje y crecimiento. Fue duro, sí, pero ahora valoro más mi familia, mi país y entiendo lo que significa trabajar con disciplina y compromiso".
"Mi tiempo en México fue mucho más que un reto laboral; fue una oportunidad de crecimiento personal y profesional que me enseñó a valorar la disciplina, la constancia y la resiliencia. Durante 18 meses, lejos de mi familia y mi cultura, enfrenté jornadas de 12 horas, viví en hoteles y dependí de comidas compradas, situaciones que me obligaron a adaptarme rápidamente a un entorno completamente diferente. Cada dificultad me permitió descubrir habilidades que antes no sabía que tenía: organización, manejo del tiempo, capacidad de adaptación y fortaleza emocional.Aprendí a priorizar mis metas y a mantenerme enfocada, entendiendo que el sacrificio temporal es una inversión en mi futuro. Esta experiencia me enseñó la importancia de la independencia y de tomar decisiones difíciles para lograr un objetivo mayor. También comprendí cuánto valoro el apoyo familiar y la cultura que me forman como persona, lo que me impulsa a no dar nada por sentado y a ser más agradecida y consciente de mis oportunidades.Hoy, de regreso en Ciudad del Este, veo todo lo vivido como una base sólida para construir mi futuro: un futuro en el que puedo enfrentar desafíos laborales con confianza, buscar mejores oportunidades y, al mismo tiempo, crecer como persona. Esta experiencia me dejó claro que los sacrificios realizados con un propósito y una visión clara pueden transformar nuestra vida, brindándonos herramientas y aprendizajes que nos acompañarán siempre."
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