Escuelas de Monclova: así operan contra el acoso escolar

Tras una semana marcada por incidentes en distintos planteles, autoridades educativas detallan los protocolos que deben seguir los maestros ante conflictos entre alumnos.
En Monclova, tres incidentes en escuelas ocurridos en una misma semana encendieron alertas, abrieron preguntas y aceleraron el diálogo sobre cómo reaccionan los docentes y directivos ante posibles casos de acoso escolar. Más allá de los hechos puntuales, las autoridades educativas insisten en que existen protocolos claros que deben activarse para proteger a los alumnos, investigar con seriedad y evitar que los conflictos escalen.
El debate se intensificó luego de que este jueves un alumno de la primaria Minerva Ramos Rendón, en la colonia Obrera Sur, terminara en el Hospital Amparo Pape de Benavides tras encajarse un lápiz en el glúteo dentro del salón; el miércoles, estudiantes del Centro de Estudios Regiomontano (CER) fueron sorprendidos persiguiendo a un menor de la secundaria Harold R. Pape, lo que movilizó a la policía; y ese mismo día se reportó una presunta riña entre alumnos de la Secundaria General No. 2 “Emiliano Zapata”, que, según la autoridad educativa, fue contenida a tiempo por personal de seguridad.
Maestro primera línea de detección.
Para Elsa Garza, jefa de sector de primarias en Monclova, el primer filtro ante cualquier posible situación de bullying es el docente. Cuando un maestro observa burlas constantes, aislamiento, agresiones verbales o físicas, debe intervenir de manera inmediata, pero no de forma improvisada: primero observa, documenta lo ocurrido y notifica al director del plantel. Garza enfatiza que no se trata de “señalar culpables” de entrada, sino de iniciar un proceso formal que permita valorar la situación con objetividad y proteger tanto a la posible víctima como al resto del grupo.
Registro formal y activación del protocolo.
De acuerdo con Abraham González Ruiz, director de Servicios Educativos, una vez que el maestro reporta el caso, el plantel levanta un registro escrito una bitácora de incidencias donde se detallan fechas, comportamientos y contexto de lo sucedido. Este documento es clave, pues a partir de ahí el director determina qué nivel del protocolo debe activarse: seguimiento interno, mediación escolar, intervención psicológica o, en casos más delicados, canalización a instancias externas.
Comunicación obligatoria con padres de familia.
Ambos funcionarios coinciden en que ningún procedimiento puede avanzar sin la participación de los padres. Dependiendo de la gravedad del caso, se cita tanto a los tutores del alumno señalado como agresor como a los del estudiante afectado. En estas reuniones se explican los hechos, se establecen compromisos de conducta y se acuerdan medidas de acompañamiento dentro y fuera de la escuela, buscando siempre evitar la estigmatización del menor.
Atención psicológica y análisis.
Garza subraya que, si un estudiante es identificado como agresor, debe ser canalizado a atención psicológica desde el primer momento. La intención no es castigar sin comprender, sino analizar si existen factores detrás de su conducta: problemas familiares, emocionales o situaciones de violencia en su entorno. El enfoque del protocolo, asegura, es restaurativo: proteger a la víctima, pero también ofrecer al agresor una oportunidad de cambio y reintegración.
Cuando se trata de un accidente y no bullying.
González Ruiz utilizó el caso de la primaria Minerva Ramos Rendón para explicar cómo se diferencia un accidente de un acto de acoso. Tras la investigación, se determinó que el incidente con el lápiz no fue intencional: el niño se levantó a participar y al sentarse rápidamente ocurrió el percance con un compañero que sostenía el lápiz hacia un costado. Aun así, se activó el protocolo de accidente: la escuela no administró ningún medicamento, se notificó de inmediato a los padres y se solicitó apoyo médico especializado, lo que derivó en el traslado al hospital.
Coordinación con emergencia y seguridad.
El director destacó que cuando una situación rebasa la capacidad del plantel, se solicita apoyo externo. Así ocurrió en los casos recientes, donde paramédicos y policías intervinieron para salvaguardar la integridad de los estudiantes y evitar mayores conflictos. Ante los hechos de esta semana, las autoridades han reforzado acciones preventivas en secundarias y bachilleratos. González Ruiz detalló que ya se han realizado reuniones con supervisores y que se están impartiendo pláticas sobre bullying, violencia en el noviazgo y resolución pacífica de conflictos, con apoyo de la Policía Escolar y la Policía Violeta.El objetivo es que los alumnos sepan identificar conductas de riesgo, conozcan las consecuencias y tengan canales seguros para denunciar.
¿Qué pasa con el alumno agresor?
Cuando una falta es grave, el protocolo contempla sanciones graduales. En casos extremos, el estudiante puede ser cambiado de plantel o continuar su educación a distancia desde casa, siempre garantizando su derecho a la educación. Sin embargo, González aclara que esta es la última instancia y solo se aplica cuando existe riesgo real para la comunidad escolar o cuando otras medidas han resultado insuficientes. Paralelamente, en Monclova ya se están realizando mesas de trabajo con autoridades municipales y de seguridad para coordinar acciones conjuntas. Se busca mejorar la comunicación entre escuelas, policía y servicios de emergencia, así como fortalecer programas de prevención en zonas escolares.Los tres incidentes recientes, aunque distintos entre sí, han puesto en evidencia la importancia de actuar con rapidez, mesura y apego a procedimientos formales. También han mostrado el riesgo de la desinformación en redes sociales y la necesidad de confiar en versiones verificadas por las autoridades educativas.
Protocolos en constante revisión.
Tanto Garza como González reconocen que los protocolos deben actualizarse continuamente. La dinámica escolar cambia y con ella los retos que enfrentan maestros y directivos, por lo que la capacitación docente y la mejora de estrategias de intervención son permanentes. Las autoridades subrayan que el combate al acoso escolar no recae solo en la escuela. La comunicación abierta entre padres e hijos, la observación de cambios de conducta y el acompañamiento emocional son fundamentales para detectar a tiempo situaciones de riesgo.
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