Estos 5 medicamentos para la presión arterial ya no son recomendados por especialistas

Aunque hoy existen múltiples fármacos eficaces para controlar la hipertensión arterial, algunas clases han dejado de considerarse de primera línea. La razón principal es que ofrecen menor protección cardiovascular o presentan más efectos adversos en comparación con opciones más modernas y mejor estudiadas.
Con base en evidencia clínica reciente y guías internacionales actualizadas, estas son cinco clases o medicamentos que actualmente se consideran obsoletos o no preferidos como tratamiento inicial en la mayoría de los pacientes.
1. Alfa-bloqueadores como terapia primaria
En el pasado, los alfa-bloqueadores se empleaban para disminuir la presión arterial al reducir la resistencia vascular periférica. Actúan bloqueando los receptores alfa-1 adrenérgicos en el músculo liso vascular, lo que favorece la vasodilatación.
Sin embargo, cuando se usan como monoterapia, su efecto antihipertensivo es modesto y han mostrado menor capacidad para prevenir eventos cardiovasculares en comparación con fármacos como los inhibidores de la ECA, los bloqueadores del receptor de angiotensina o los diuréticos tiazídicos. Además, pueden provocar hipotensión ortostática y mareos, lo que limita su uso como primera elección.
2. Agonistas alfa-2 centrales (como clonidina y metildopa) en monoterapia
Estos medicamentos reducen la presión arterial al disminuir la actividad simpática desde el sistema nervioso central. Aunque fueron ampliamente utilizados, hoy han sido desplazados por opciones mejor toleradas.
Entre sus efectos adversos destacan sedación, sequedad bucal, fatiga y, en el caso de la clonidina, hipertensión de rebote si se suspende bruscamente. Por ello, su uso suele reservarse para situaciones específicas (por ejemplo, metildopa en embarazo) y no como tratamiento inicial estándar.
3. Beta-bloqueadores sin indicación cardiovascular específica
Los beta-bloqueadores actúan bloqueando los receptores β-adrenérgicos, reduciendo la frecuencia cardíaca y la contractilidad. Aunque durante años fueron pilares del tratamiento antihipertensivo, las guías actuales ya no los recomiendan como primera línea en pacientes que no presentan otras condiciones como insuficiencia cardíaca, arritmias o antecedente de infarto.
Diversos estudios han demostrado que, en ausencia de estas indicaciones, no ofrecen una ventaja superior en la prevención de eventos cardiovasculares frente a otras clases antihipertensivas.
4. Vasodilatadores directos como hidralazina y minoxidil
Estos fármacos relajan directamente el músculo liso vascular para disminuir la presión arterial. Aunque son eficaces en términos mecánicos, su uso actual se limita a casos específicos, como hipertensión resistente.
Suelen provocar taquicardia refleja, retención de líquidos y cefalea intensa, lo que obliga a combinarlos con otros medicamentos (como beta-bloqueadores o diuréticos) para contrarrestar estos efectos. Por ello, no se aconsejan como monoterapia inicial.
5. Diuréticos de asa como tratamiento estándar inicial
Los diuréticos de asa, como la furosemida, fueron empleados históricamente para la hipertensión, especialmente en pacientes con retención de líquidos.
No obstante, en hipertensión no complicada, no se recomiendan como primera opción frente a los diuréticos tiazídicos o tiazídicos-similares (como clortalidona o indapamida). Aunque son potentes para reducir volumen en estados de sobrecarga, su efecto antihipertensivo sostenido es menos favorable en pacientes sin edema significativo y pueden causar alteraciones importantes de electrolitos.
En resumen
Las guías contemporáneas priorizan fármacos con mayor evidencia en reducción de mortalidad y mejor tolerabilidad. Aunque estos medicamentos no están completamente descartados, su uso suele reservarse para situaciones específicas y no como tratamiento inicial en la mayoría de los pacientes con hipertensión arterial.
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