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Explican cómo las células madre aprenden a llegar al cerebro para tratar el ictus

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Algunos tejidos del cuerpo humano tienen una notable capacidad de regeneración tras una lesión. Por ejemplo, la córnea, que protege la superficie del ojo, puede recuperarse de pequeños daños en apenas un día. Sin embargo, el cerebro no comparte esta capacidad. 

Las neuronas adultas suelen mantenerse durante toda la vida, salvo en casos de traumatismos o enfermedades, mientras que otras células, como las del revestimiento intestinal, se renuevan por completo cada pocos días.

Desde hace años, la investigación científica busca aprovechar la terapia con células madre para mejorar la capacidad del cerebro de repararse tras lesiones como una conmoción cerebral o un ictus.

Hasta ahora, estos enfoques se han visto limitados por los cambios que se producen en el cerebro lesionado y por la dificultad de lograr que las nuevas células se integren correctamente en los circuitos neuronales ya existentes, algo esencial para recuperar funciones como la memoria o el control motor.

Un equipo del Instituto Médico Sanford Burnham Prebys y de la Facultad de Medicina Duke-NUS de Singapur ha publicado en la revista Cell Stem Cell los resultados de una nueva terapia basada en células madre humanas.

Al ser trasplantadas en ratones, estas células lograron madurar, incorporarse a los circuitos neuronales preexistentes y recuperar su función. Además, mediante el seguimiento celular y el análisis de la expresión génica, los investigadores pudieron esclarecer cómo las células trasplantadas encuentran su destino y establecen conexiones dentro del sistema nervioso.

Uno de los principales obstáculos de la medicina regenerativa aplicada al ictus y a otros daños cerebrales es la falta de un entorno favorable para las células terapéuticas, explican los autores.

Mientras que el cerebro en desarrollo ofrece señales que guían y facilitan la diferenciación de las células madre, el cerebro adulto tras un ictus presenta un entorno mucho más hostil.

«Después de un derrame cerebral se forma una cavidad quística llena de moléculas inflamatorias, lo que convierte el entorno en algo similar a un pantano peligroso para las células terapéuticas», explica Su-Chun Zhang, director del Centro de Enfermedades Neurológicas de Sanford Burnham Prebys.

A ello se suma la formación de tejido cicatricial, que protege al cerebro de daños adicionales, pero al mismo tiempo actúa como una barrera que dificulta la regeneración.

Injerto celular

Algunas estrategias terapéuticas optan por implantar nuevas células en zonas cercanas a la lesión, donde las condiciones son menos adversas. El objetivo es reconstruir los circuitos neuronales rodeando el área dañada. Sin embargo, Zhang sostiene que para obtener verdaderos beneficios regenerativos es necesario reparar directamente la lesión, no evitarla.

«Tras un ictus, el daño suele ser extenso y supone un enorme reto para restablecer las conexiones funcionales entre el cerebro, el tronco encefálico y la médula espinal», señala.

Con este objetivo, el equipo desarrolló un método que favorece la supervivencia de las células injertadas directamente dentro del entorno hostil de la cavidad producida por el ictus.

 

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