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Hipertensión en menores de 40: 9 razones por las que la presión arterial se 'dispara' antes de tiempo

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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La hipertensión en personas menores de 40 años se ha transformado en un tema de creciente inquietud para los profesionales de la salud.

Aunque durante mucho tiempo se consideró un problema propio de edades avanzadas, estudios epidemiológicos recientes evidencian un aumento constante de casos en adultos jóvenes, relacionado con factores metabólicos, hábitos de vida y condiciones psicosociales.

Especialistas en cardiología y medicina interna advierten que diagnosticar tarde esta condición en este grupo etario eleva la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares prematuras, daño renal e incluso eventos cerebrovasculares. A continuación, se describen las principales causas, respaldadas por evidencia científica, que explican por qué la presión arterial puede elevarse antes de los 40 años.

Obesidad y acumulación de grasa visceral El sobrepeso, en particular la grasa concentrada en la zona abdominal, guarda una relación directa con el aumento de la presión arterial. Investigaciones en el ámbito cardiológico señalan que el tejido adiposo visceral promueve inflamación sistémica y altera la función del endotelio, incrementando la resistencia de los vasos sanguíneos.

Asimismo, el exceso de peso activa sistemas hormonales como el renina-angiotensina-aldosterona, encargado de regular la presión. En adultos jóvenes, incluso incrementos moderados del índice de masa corporal pueden vincularse con hipertensión precoz.

Consumo elevado de sodio La ingesta excesiva de sal es uno de los factores dietéticos más asociados con la hipertensión. Aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 5 gramos diarios, muchos jóvenes consumen el doble a través de productos ultraprocesados.

El sodio favorece la retención de líquidos, aumentando el volumen sanguíneo y la presión ejercida sobre las arterias. Con el tiempo, este efecto continuo contribuye al endurecimiento vascular y a la elevación persistente de la presión arterial.

Estrés crónico y carga laboral El estrés sostenido estimula el sistema nervioso simpático y eleva la producción de cortisol y adrenalina, hormonas que incrementan la frecuencia cardíaca y la presión arterial. En menores de 40 años, las exigencias laborales, académicas y económicas pueden actuar como detonantes constantes.

Diversos estudios indican que el estrés prolongado no solo provoca aumentos momentáneos de la presión, sino que puede consolidar un patrón hipertensivo cuando no se gestionan adecuadamente los factores emocionales.

Sedentarismo La inactividad física disminuye la elasticidad de los vasos sanguíneos y reduce la eficiencia del sistema cardiovascular. La evidencia científica demuestra que realizar ejercicio con regularidad puede disminuir entre 5 y 8 mmHg la presión sistólica.

En jóvenes con estilos de vida sedentarios —marcados por largas horas frente a pantallas— el riesgo de desarrollar hipertensión aumenta considerablemente, incluso en ausencia de otros factores evidentes.

Consumo de alcohol y tabaco Fumar deteriora el endotelio vascular y favorece la rigidez de las arterias. Cada cigarrillo produce un incremento temporal de la presión arterial, y el consumo habitual acelera el daño cardiovascular.

Por su parte, el consumo elevado de alcohol altera los mecanismos de regulación de la presión y favorece el aumento de peso. La combinación de ambas sustancias potencia significativamente el riesgo de hipertensión en adultos jóvenes.

Alteraciones del sueño Dormir menos de seis horas por noche se asocia con mayor probabilidad de hipertensión. La falta de descanso afecta el equilibrio hormonal y aumenta la actividad del sistema nervioso simpático.

Además, trastornos como la apnea obstructiva del sueño —frecuente en personas con sobrepeso— se relacionan estrechamente con elevaciones sostenidas de la presión arterial.

Predisposición genética La herencia influye de manera importante en la regulación de la presión arterial. Quienes tienen padres hipertensos presentan mayor riesgo de desarrollar la condición antes de los 40 años.

Sin embargo, los factores genéticos interactúan con el entorno: mantener hábitos saludables puede retrasar o atenuar la manifestación de esta predisposición.

Exceso de cafeína y bebidas energéticas El consumo elevado de cafeína y bebidas energizantes puede generar aumentos temporales significativos de la presión, sobre todo en personas sensibles a estos estimulantes.

En jóvenes que combinan estrés, falta de sueño y consumo frecuente de estas bebidas, los picos repetidos de presión pueden contribuir a un patrón hipertensivo mantenido.

Enfermedades metabólicas tempranas La resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2, cada vez más comunes en menores de 40 años, están estrechamente vinculadas con la hipertensión.

El síndrome metabólico —caracterizado por obesidad abdominal, alteraciones en la glucosa y niveles elevados de lípidos— incrementa de forma considerable el riesgo cardiovascular a edades tempranas.

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