Infarto al corazón: ¿Cuánto tiempo tienes realmente para salvar tu vida?

Un infarto es una emergencia en la que el tiempo determina la supervivencia. Desde el instante en que el corazón deja de recibir oxígeno por una arteria obstruida, las células comienzan a dañarse de forma irreversible.
Reconocer los síntomas y actuar dentro del periodo crítico puede significar la diferencia entre recuperarse por completo o enfrentar consecuencias fatales.
El valor del primer minuto
Cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia el corazón, el tejido cardíaco empieza a deteriorarse casi de inmediato. La rapidez con la que se obtenga atención médica influye directamente en la magnitud del daño y en las probabilidades de sobrevivir.
La ventana decisiva de 90 minutos
En los hospitales se habla de la “hora dorada”, aunque el margen óptimo para intervenir puede extenderse hasta 90 minutos. En ese lapso se recomienda realizar procedimientos como la angioplastia, que permite destapar la arteria bloqueada y restablecer la circulación antes de que el daño sea mayor.
El riesgo de postergar la ayuda
Muchas personas tardan hasta tres horas en acudir al hospital tras los primeros síntomas. Esa espera, que suele deberse a minimizar el malestar, puede ser determinante y aumentar considerablemente el riesgo de muerte o complicaciones graves.
Cada media hora importa
Los estudios indican que por cada 30 minutos de retraso en el tratamiento, la probabilidad de fallecimiento aumenta de forma significativa. Demorar la llamada a emergencias reduce de manera notable las opciones de supervivencia.
La presión en el pecho como señal clave
El síntoma más frecuente no siempre es un dolor punzante, sino una sensación de opresión, presión o peso en el centro del pecho. Puede durar varios minutos, disminuir y reaparecer con mayor intensidad.
Dolor que se irradia
El malestar puede extenderse hacia brazos, hombros, cuello, mandíbula o espalda alta. En ocasiones también se percibe en la parte superior del abdomen, lo que lleva a confundirlo con molestias digestivas o musculares.
Manifestaciones menos evidentes
No todos los infartos se presentan de forma dramática. Sudoración fría, mareo, náuseas o una fuerte sensación de indigestión pueden ser señales de alerta, especialmente en mujeres, personas mayores o pacientes con diabetes, quienes a menudo muestran síntomas más atípicos.
Cómo actuar si estás solo
Ante la sospecha de un infarto, lo primero es llamar inmediatamente a los servicios de emergencia. No se recomienda conducir por cuenta propia. Es mejor sentarse en un lugar seguro, aflojar la ropa ajustada y mantener la calma mientras llega la ayuda médica.
La prevención como estrategia principal
Adoptar hábitos saludables es la mejor defensa contra un evento cardíaco. Mantener una dieta equilibrada, realizar actividad física con regularidad y controlar condiciones como hipertensión, obesidad o diabetes reduce de manera considerable el riesgo de sufrir un infarto.
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