La brecha de género en el bienestar de los cuidadores es real. Cómo solucionarla

Cuidar a un padre o una madre en la vejez no suele ser una labor sencilla por naturaleza. Implica atender múltiples responsabilidades prácticas, como coordinar consultas médicas, buscar diagnósticos y garantizar su seguridad física.
Además de la tristeza que puede generar ver el deterioro de un ser querido o el cambio en la dinámica familiar, y del estrés asociado al tiempo y al dinero, muchas personas también encuentran en este rol un sentido profundo de propósito, significado e incluso satisfacción.
No obstante, una investigación reciente del Pew Research Center señala que hombres y mujeres no viven estos aspectos positivos de la misma manera cuando asumen el cuidado de sus padres.
Más mujeres asumen el rol de cuidadoras El informe indica que una proporción considerable de adultos en Estados Unidos desempeña funciones de cuidado. Aproximadamente el 10 % atiende a un padre mayor de 65 años, mientras que el 3 % cuida a su pareja en ese rango de edad. Este rol es más frecuente en personas con menores ingresos y, aunque la diferencia se está reduciendo, sigue siendo más común en mujeres que en hombres.
Sin embargo, la experiencia emocional del cuidado difiere entre géneros. Un mayor porcentaje de hombres considera que esta labor ha fortalecido la relación con sus padres, mientras que en las mujeres esta percepción es menor. Asimismo, ellas reportan con más frecuencia efectos negativos en su salud física y bienestar emocional, mientras que los hombres tienden a señalar impactos positivos en su estado emocional.
Estas diferencias se mantienen incluso cuando ambos realizan tareas similares, como el cuidado personal o la gestión diaria. La única variación notable es que las mujeres participan más en la coordinación de la atención médica.
Diferencias en la expresión emocional Una posible explicación radica en cómo hombres y mujeres procesan y expresan sus emociones. Diversos especialistas sugieren que las mujeres suelen ser más abiertas al reconocer y comunicar el estrés o la ansiedad, mientras que los hombres tienden a expresar menos estas experiencias.
También es más probable que ellas reflexionen sobre el duelo que implica ver envejecer a sus padres y enfrentar su deterioro, lo que puede aumentar la carga emocional del cuidado.
Expectativas sociales desiguales Otro factor clave son las expectativas culturales. A las mujeres, por lo general, se les atribuye un rol natural de cuidadoras, lo que genera una presión adicional para cumplir con estándares más altos. Esto suele venir acompañado de menor reconocimiento o apoyo.
En contraste, los hombres enfrentan menos exigencias sociales en este ámbito, lo que puede hacer que vivan la experiencia con menor presión interna. Incluso, cuando asumen este rol, suelen recibir más reconocimiento, algo que rara vez ocurre con las mujeres.
En conjunto, estos factores ayudan a explicar por qué, aunque el cuidado de un familiar puede ser significativo para ambos, su impacto emocional y físico no se distribuye de la misma manera entre hombres y mujeres.
ENFERMEDADES : Ozono en CDMX: alertan por su vínculo con cáncer y daños graves a la salud
El ozono troposférico, un contaminante del aire responsable de la mayoría de las contingencias ambientales en la Ciudad de México, está relacionado con el desarrollo de cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares, según especialistas. De acuerdo con Horacio Riojas, -- leer más
Noticias del tema