La ciencia revela por qué el azúcar afecta el descanso nocturno

Consumir azúcar antes de dormir puede dificultar que el cuerpo alcance una relajación fisiológica profunda, de acuerdo con una investigación reciente realizada por la Universidad de Konstanz, en Alemania.
Aunque algunas personas sienten una aparente sensación de calma después de ingerir glucosa, los marcadores biológicos muestran que el descanso real puede verse afectado, ya que el organismo permanece en un estado de activación.
En el estudio, liderado por Jens Pruessner y la investigadora Maria Meier, participaron 94 adultos jóvenes divididos en dos grupos: uno consumió una bebida azucarada y el otro tomó agua antes de realizar actividades orientadas a la relajación, como reposar o recibir un masaje.
Los hallazgos revelaron que, aunque todos los participantes dijeron sentirse relajados, quienes habían ingerido azúcar mostraron una frecuencia cardíaca más alta y una mayor activación del sistema nervioso simpático, algo confirmado mediante monitoreo fisiológico.
En otras palabras, aunque la mente percibía tranquilidad, el cuerpo no desaceleraba por completo y seguía en modo de alerta.
Esto ocurre porque el sistema nervioso autónomo regula el equilibrio entre la activación y el reposo a través de dos ramas: el sistema simpático, que prepara al cuerpo para la acción, y el parasimpático, que favorece la recuperación. La glucosa, al aportar energía rápida, estimula el sistema simpático, puede elevar el cortisol y mantener al organismo reactivo incluso en momentos destinados al descanso, como la noche.
Diversas revisiones médicas también han señalado que consumir azúcares simples durante la cena o poco antes de acostarse se relaciona con un sueño más fragmentado y una menor proporción de sueño profundo, la fase más importante para la reparación física y mental.
Por ello, expertos en sueño recomiendan evitar alimentos ricos en azúcar antes de acostarse, ya que pueden alterar tanto el tiempo para conciliar el sueño como su continuidad.
El estudio también observó un efecto puntual: quienes consumieron glucosa obtuvieron un mejor rendimiento en tareas de atención inmediata. Sin embargo, este beneficio cognitivo estuvo acompañado de una mayor activación fisiológica.
Por esta razón, los autores aconsejan evitar el azúcar antes de actividades como la meditación, el descanso nocturno o cualquier sesión de relajación, para permitir que el cuerpo entre en un verdadero estado reparador.
En resumen, aunque después de consumir azúcar puedas sentir una calma subjetiva, el cuerpo puede seguir “encendido”, lo que limita la profundidad del descanso y reduce la capacidad de recuperación durante la noche.
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