La depresión y la ansiedad aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas a través del estrés

La depresión y la ansiedad se asocian desde hace tiempo con un mayor riesgo de infarto, enfermedades del corazón y accidentes cerebrovasculares, y ahora los científicos creen haber identificado el mecanismo detrás de esta relación.
De acuerdo con un estudio publicado el 17 de diciembre en Circulation: Cardiovascular Imaging, estos trastornos emocionales parecen estimular la actividad cerebral y las respuestas del sistema nervioso de una manera que somete al corazón a una carga adicional.
“Estos resultados nos brindan una visión biológica más precisa de cómo el malestar emocional logra influir directamente en la salud cardiovascular”, explicó el doctor Shady Abohashem, autor principal del estudio y responsable de los ensayos de imagen cardíaca PET/CT en el Massachusetts General Hospital de Boston. “Para los profesionales de la salud, esto subraya la importancia de considerar la salud mental como un componente esencial en la evaluación del riesgo cardíaco. Para los pacientes, es un mensaje alentador: tratar el estrés crónico, la ansiedad o la depresión no solo beneficia la mente, sino también el corazón”.
En la investigación se analizaron datos de más de 85,500 personas que participan en un amplio proyecto de seguimiento del sistema Mass General Brigham.
Cerca de 15,000 participantes padecían simultáneamente depresión y ansiedad, mientras que más de 15,800 presentaban solo una de estas afecciones. El resto no tenía ninguno de los dos diagnósticos.
Los investigadores siguieron a los participantes durante un periodo ligeramente superior a tres años, tiempo en el que más de 3,000 personas sufrieron un infarto, insuficiencia cardíaca o un ictus.
“Tal como se había observado en estudios previos, confirmamos que tanto la depresión como la ansiedad están relacionadas con un mayor riesgo de infarto o accidente cerebrovascular”, señaló el doctor Ahmed Tawakol, director de cardiología nuclear en el Instituto Universal Brigham de Cardiología y Vascular. “Lo más relevante es que quienes presentaban ambas condiciones tenían un riesgo aproximadamente 32% mayor en comparación con quienes solo tenían una. Además, esta asociación se mantuvo incluso después de ajustar por hábitos de vida, factores socioeconómicos y riesgos tradicionales como el tabaquismo, la diabetes o la hipertensión”.
El análisis de las imágenes cerebrales mostró que las personas con depresión o ansiedad presentaban una actividad más elevada en la amígdala, una región del cerebro vinculada a la respuesta al estrés. Asimismo, se detectaron niveles más altos de proteína C reactiva (PCR), un marcador de inflamación.
“En conjunto, estos cambios parecen conformar una cadena biológica que conecta el estrés emocional con el riesgo cardiovascular”, explicó Abohashem. “Cuando los circuitos cerebrales del estrés están hiperactivos, pueden activar de forma crónica el sistema de ‘lucha o huida’, elevando la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la inflamación. Con el tiempo, este proceso puede dañar los vasos sanguíneos y acelerar el desarrollo de enfermedades del corazón”.
Esto, añadió, “refuerza la idea de que cuidar el corazón no depende únicamente de la dieta o el ejercicio, sino también del bienestar emocional”.
Los autores aclararon que, al tratarse de un estudio observacional, no es posible establecer una relación directa de causa y efecto entre los trastornos del estado de ánimo y las enfermedades cardiovasculares.
Por ello, se requieren más investigaciones para determinar si la depresión y la ansiedad provocan directamente problemas cardíacos o si simplemente están asociadas a ellos. Actualmente, los investigadores exploran si las terapias para reducir el estrés o los cambios en el estilo de vida podrían disminuir el riesgo cardiovascular en personas con trastornos del estado de ánimo.
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