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La Entrevista con Jaime Guerrero 'Don Borrego'

Entrevista
Mario Alemán / El Tiempo
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Esta no es la historia de alguien que creció entre comodidades. Es la historia de alguien que creció entre banquetas rotas, ruido de patrullas, amistades que se quedaron en el camino y sueños que parecían imposibles. Jaime Guerrero viene del barrio, pero no de palabra… viene de verdad. De esos barrios donde la vida te enseña primero a defenderte y después a soñar.

En las calles de Monclova aprendió que nadie te regala nada, que el respeto no se exige, se gana, y que si te caes, te levantas solo. Ahí entendió que llorar no resuelve, que trabajar en silencio vale más que presumir y que sobrevivir ya es una forma de victoria.

Muchos se quedaron atrapados en esas mismas esquinas. Él no. Jaime decidió convertir la rabia en disciplina, la frustración en arte y el barrio en su mayor escuela. Antes de las máquinas profesionales, hubo rastrillos. Antes de las certificaciones, hubo calle. Antes del reconocimiento, hubo resistencia.

Hoy es fundador de Don Borrego Barber Studio y uno de los barberos más reconocidos de la ciudad, pero nunca ha negado sus raíces. Al contrario, las lleva tatuadas en el pecho. Porque no salió huyendo del barrio… salió fortalecido por él.

Y su historia lo deja claro: no todos los que vienen de la calle se pierden. Algunos regresan para abrir camino.

¿Quién es realmente Don Borrego?

"Soy alguien que no viene de caminos fáciles. Vengo del barrio, de la calle dura. Ahí aprendí a levantarme solo y a no esperar nada de nadie. Cada golpe me enseñó algo. No fue suerte, fue resistencia. La calle me enseñó a chingarle en silencio, a no quejarme cuando duele y a seguir firme aunque el mundo se te venga encima".

¿Cómo nace tu pasión por la barbería?

"En 2016 me fui a Estados Unidos con mi compa Gonzalo Sánchez. Trabajábamos haciendo figuras de yeso en construcciones, diseñando detalles en casas. Un día dijimos: “¿Por qué no hacer figuras en el pelo?”. Ahí nació la idea. Decidimos estudiar barbería para convertir ese arte en algo real".

¿Cómo fueron tus inicios en Monclova?

Cuando regresamos "empezamos en la colonia El Pueblo. No teníamos máquinas profesionales; cortábamos con puro rastrillo. Sacábamos las navajas y hacíamos figuras con eso. Era la onda urbana, cortes tipo gabacho. Como decía el barrio: “A la escuela de la cárcel”. Era aprender sobreviviendo".

Antes del éxito, ¿qué obstáculos enfrentaste?

"Muchos. Hubo desesperación porque no lograba poner mi propia barbería. Me metí a trabajar a Sabritas, pero nunca dejé de cortar cabello. Aunque estuviera cansado, seguía practicando. Recuerdo a “El Mojito”, nadie le quería hacer rayitos porque era alguien de la calle y muchas veces andaba drogado. Yo hasta con un tenedor le hacía los diseños. Nunca vi menos a nadie".

¿Quién creyó en tu talento cuando pocos lo hacían?

"Una trabajadora del IMSS vio lo que hacía y me acercó a cortar cabello al Seguro Social. Ahí entendí que esto iba en serio. Renuncié y me aventé a poner mi negocio. Lamentablemente, cuando logré colocar el primero, mi amigo Gonzalito —con quien empezó la idea cuando trabajábamos el yeso— ya había fallecido. Hoy tengo su foto en cada barbería, porque este sueño también es suyo".

Hoy eres barbero certificado, ¿qué representa eso?

"Representa que el barrio también puede llegar lejos. Estoy certificado ante la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría del Trabajo a través del sistema CONOCER. Me certifiqué en Monterrey y tengo licencia para cortar cabello en Estados Unidos. Pasé de usar rastrillos a tener respaldo oficial. Eso me llena de orgullo".

Tu familia también forma parte del proyecto, ¿cómo ha sido eso?

"Mi esposa Laura González ha sido clave. Ella estudió Nails Beauty y juntos fuimos construyendo esto. Hemos creado un ambiente familiar en cada negocio. Mis hijos crecieron viendo el esfuerzo. Mi hijo más pequeño, “La Bomba”, tomó un curso cuando tenía seis años y llegó a un evento nacional en Monterrey. Hoy tiene su propio proyecto: Bomba Barber Studio. Para mí esto es legado".

Ahora apoyas a jóvenes que viven lo que tú viviste, ¿por qué?

"Porque yo sé lo que es estar perdido. Apoyamos a jóvenes que andan metidos en drogas, los invitamos a aprender barbería, les damos cursos y les mostramos que hay otra salida. Si yo pude salir cortando cabello, ellos también pueden. Sobrevivir también es una forma de victoria. Jaime Guerrero no niega su pasado. Lo honra. Hoy cuenta con cinco barberías y es referente en Monclova, pero su mayor orgullo no está en el número de negocios, sino en demostrar que del barrio también nacen historias de éxito. No es perfecto. Pero es real".

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