La Entrevista con Juan Erasmo Guarriola Reyna - Abogado y empacador invidente

Hay historias que no se ven con los ojos, sino con el corazón. La de Juan Erasmo Guarriola Reyna se escucha en sus pasos firmes sobre el pavimento, en su voz tranquila y en su fe inquebrantable. A los 46 años, camina sin ver por toda la ciudad, trabaja entre cajas y bolsas como empacador, y además estudió Derecho y hoy acompaña procesos legales de quienes se sienten desprotegidos. Su vida no ha sido lineal ni sencilla, pero sí profundamente humana: una mezcla de caídas, levantadas y una voluntad que parece no tener límites.
Su mirada perdió la luz, pero no su determinación.
¿Qué condición padece?
“Tengo discapacidad visual, ceguera total. No veo absolutamente nada de manera permanente desde el año 2001”.
Ese año marcó un quiebre que cambiaría su destino para siempre.
¿Cómo fue que perdió la vista?
“Fue a consecuencia del uso y abuso de drogas. Fue un golpe muy fuerte que transformó mi vida por completo”.
Quienes lo ven caminar por el centro se preguntan cómo lo hace con tanta seguridad.
¿Cómo ha sido andar solo por las calles?
“Tengo como ocho años que empecé a andar solo, y fue por necesidad. Tenía que salir a ganarme la vida. Es peligroso y sí, da miedo, pero la necesidad me obligó a enfrentar ese temor”.
Entre el ruido del supermercado encontró no solo un trabajo, sino también un propósito.

¿En qué trabaja actualmente?
“Gracias a Dios trabajo como empacador en la hacienda del centro desde hace unos 10 años. Además, hace dos años terminé la licenciatura en Derecho. Fue Dios quien me dio las fuerzas y mis padres quienes me apoyaron. Entré primero al CBTis y, a los 15 días de salir, me inscribí en el CEUC para estudiar Derecho de manera escolarizada y ahora en mis descansos como empacador, aprovecho para irme a litigar”.
Su historia no se quedó en las aulas: hoy ya pisa juzgados
¿De que forma lo hace?
“Los miércoles, que descanso, salgo con el licenciado Sermeño e Izamary a atender asuntos pendientes, ellos son los que me están guiando y enseñando. Ya hemos ido a juzgados y audiencias, protegiendo a personas a quienes no les han pagado pensión alimenticia o que buscan divorciarse. Incluso apoyé a mi hermana y también a algunos amigos cuando han tenido problemas legales”.
Se convirtió en un licenciado

¿Qué lo motivó a estudiar esta carrera?
“Estando en la tienda como empacador, una persona me dijo que lo estaban sacando de su casa. Ahí pensé que existen candados legales para proteger a la gente, pero muchos los desconocen. Eso me motivó a estudiar para ayudar a quienes realmente lo necesitan”.
Debido a la forma en que la sociedad mira ciertos trabajos.
¿Qué piensa de la percepción que tienen de algunos oficios?
“Sé que nos tienen en mal concepto, pero eso pasa en muchos oficios. Aun así, creo firmemente que hay gente buena en este mundo”.
Su horizonte profesional es claro, aunque no pueda verlo.
¿Hasta dónde le gustaría llegar con su carrera?
“Quiero litigar y ayudar a las personas en los asuntos que necesiten, acompañarlas y defender sus derechos”.
Si alguien requiere apoyo legal, ¿puede contactarlo? “Claro. Mi número es 866 214 95 90. Si se les ofrece algún asunto, pueden llamarme y con mucho gusto los atiendo”.

Para muchos, un diagnóstico se convierte en un muro, pero en su caso no fue así
¿Por qué su discapacidad no ha sido un impedimento?
“Porque siempre pongo a Dios en primer lugar. Él es quien hace las cosas. Las barreras muchas veces nos las creamos en la mente; pensamos “no voy a poder cruzar esa calle” sin siquiera intentarlo, y eso nos bloquea".
¿Cómo aprendió a andar solo por el centro?
“Fue algo empírico. Nadie me enseñó con el bastón. Mi mamá trabajaba y un día me dijo que no podría ir por mí para llevarme al trabajo. Tomé un palo de escoba, me levanté y pensé: o me quedo acostado o salgo a ganarme la vida. Ese día fui de Monclova a Frontera; batallé, pero lo logré, y en una semana ya conocía el recorrido. Primero contaba los pasos; después, con la práctica, desarrollé más el oído y empecé a apoyarme con el bastón, lo que me dio mayor seguridad”.
Ese momento le reveló su propia fortaleza.
¿Qué descubrió de usted mismo en ese proceso?
“Me di cuenta de la capacidad que tenía aun con ceguera. Comprendí que podía lograr muchas cosas si me lo proponía”.
De acuerdo a sus propias experiencias
¿Qué le diría a quienes, por alguna discapacidad, se frenan o posponen sus planes?
“Que lo intenten. Es mejor quedarse en el intento que con las ganas. Que pidan a Dios fortaleza y sabiduría, y que le echen ganas”.
¿Qué consejo daría a personas con discapacidad visual?
“Que salgan, aunque sea acompañados al principio, para sentirse seguros. En mi caso tuve que andar solo por necesidad, pero nadie debería quedarse encerrado por miedo".
Entrevista : Entrevista con Alfredo Tristán
'La constancia convierte el trabajo en orgullo' Alfredo Tristán, originario de una pequeña comunidad en San Luis Potosí, es ejemplo de esfuerzo, perseverancia y dedicación. A sus 47 años, ha construido su vida lejos de su lugar de origen, enfrentando -- leer más
Noticias del tema