La resaca de Jesús Ramírez Cuevas
Mario MaldonadoDurante la transición del 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador comenzó a diseñar su equipo de gobierno, pidió a César Yáñez que asumiera la misma posición que llevaba ejerciendo los últimos 20 años. Sin embargo, el eterno vocero y asistente del tabasqueño le solicitó que le diera otra responsabilidad. Acostumbrado a que nadie le diga que no, AMLO lo mandó literalmente a la congeladora: a una fría oficina de Palacio Nacional alejada del despacho presidencial.
Yáñez había construido buenas relaciones con periodistas y medios de comunicación durante los años de “lucha”, quienes finalmente le abrieron sus espacios a AMLO y fueron determinantes en su arrollador triunfo del 2018. Sin embargo, López Obrador tomó una de las peores decisiones de su gobierno al confiar en un personaje que, por haber llevado la gacetilla del movimiento (el periódico Regeneración), se ganó el cargo de vocero: Jesús Ramírez Cuevas.
El 2 de febrero del 2024, en mi columna de EL UNIVERSAL publiqué un texto que describe a Ramírez Cuevas y que, a la vuelta de un año, resultó premonitorio. Entonces escribí: “El vocero presidencial no solo envenena el oído del Presidente con información de quienes considera son sus “opositores”, sino que opera políticamente para afectar o hacer a un lado a integrantes del movimiento. Lo hizo con Julio Scherer cuando filtró información sobre su participación en un corporativo de alimentos y luego tras la publicación de un libro sobre su desempeño como exconsejero Jurídico de AMLO; también al participar en la campaña para descarrilar la candidatura de Omar García Harfuch a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y lo repitió en el caso Ayotzinapa para operar mensajes en contra del Ejército”.
En ese punto del sexenio, agregué, tales actos podían ser calificados como suicidas, pues algunas de las confrontaciones emprendidas por quien se hace llamar escritor y “productor de la mañanera, el programa más visto del país”, podrían cobrarle factura. Y así fue.
Ramírez Cuevas salió del gobierno pasado con muchos escándalos a cuestas, desde la impresión de 20 mil ejemplares de su periódico Regeneración por un monto de 58 millones de pesos; el uso del aparato de procuración de justicia para amedrentar a trabajadores sindicalizados de Notimex, y el uso de dinero público para pagar a bots y a supuestos reporteros quienes utilizaron sus espacios en contra de sus “adversarios”.
La única vez que estuve presente en una reunión con Ramírez Cuevas le reclamé por los señalamientos que hacía en las “mañaneras” contra varios periodistas al publicar listados de columnas y calificarlas como “buenas”, “neutrales” o “malas”. Su respuesta fue que se trataba de información, aunque supuestamente él le propuso a López Obrador que tales análisis no se hicieran públicos, pero que el Presidente insistió en que se dieran a conocer.
Luego documenté que el gobierno federal pagaba dichos “análisis” con recursos públicos. A finales de 2021, en una entrevista radiofónica con la periodista Azucena Uresti, Ramírez Cuevas aseguró que no se pagaba un solo peso por los monitoreos de la empresa Intélite, con los que solían hacer presentaciones en la conferencia de prensa para desprestigiar a los medios y a los columnistas.
Los registros de Compranet que publiqué revelaron que el gobierno federal le había otorgado a esa firma contratos por alrededor de 5 millones de pesos. De manera contundente se exhibió que Ramírez Cuevas había recurrido a la mentira. ¿Cuántas veces más lo habrá hecho durante su gestión como el encargado de toda la comunicación gubernamental?
Jesús Ramírez se despidió del gobierno de AMLO con muchos negativos por el agravio no sólo de muchos de sus compañeros de movimiento, sino de empresarios, periodistas y propietarios de medios de comunicación. Además, se fue inmiscuido en batallas mediáticas y legales contra personajes como el empresario Ricardo Salinas Pliego y con su excolaboradora Sanjuana Martínez, quien reveló conversaciones comprometedores con él y lo tildó de “corrupto”.
Ramírez Cuevas trabajó en La Jornada, donde no lo quieren. Ni su directora ni sus compañeros están contentos y menos orgullosos de su paso por el periódico de izquierda. Hoy el coordinador de Asesores de la Presidencia es un fusible quemado. Sheinbaum prefiere mantenerlo cerca, sin poder real, en lugar de defenestrarlo y arriesgarse a que, como la ha hecho con otros, busque cobrar venganza.
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