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La terapia de luz roja muestra beneficios clínicos limitados pese a su popularidad

ENFERMEDADES
Agencias / El Tiempo
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La terapia de luz roja ha ganado popularidad como una alternativa para mejorar la salud y la apariencia física. Sin embargo, aunque muchas empresas del sector del bienestar la presentan como una solución para múltiples problemas, la evidencia científica respalda únicamente algunos de sus usos específicos, según informó la revista New Scientist.

Hasta ahora, los beneficios con mayor respaldo clínico se relacionan con el tratamiento del acné, ciertos tipos de alopecia androgénica, la aceleración de la cicatrización de heridas y la disminución del dolor asociado a fibromialgia y osteoartritis. En cambio, no existen pruebas sólidas que confirmen efectos relevantes sobre la pérdida de peso, el rejuvenecimiento facial o la mejora de funciones neurológicas. Además, especialistas advierten que el uso doméstico sin supervisión puede implicar riesgos.

Cómo surgió la terapia de luz roja

El origen de esta técnica se remonta a la década de 1960, cuando el físico húngaro Endre Mester observó que ratones expuestos a un láser de 694 nanómetros desarrollaban una regeneración más rápida del pelaje. A partir de ese descubrimiento comenzaron las investigaciones sobre sus aplicaciones médicas, dando lugar a la llamada terapia fotobiomoduladora, que utiliza láseres y luces LED.

El investigador Glen Jeffery, de University College London, explicó que el mecanismo principal consiste en estimular las mitocondrias mediante longitudes de onda entre 650 y 850 nanómetros. Este proceso aumenta la producción de ATP —la principal fuente de energía celular— y disminuye procesos inflamatorios vinculados al envejecimiento y enfermedades crónicas.

Jeffery aseguró que existe evidencia clara de que la terapia incrementa la producción energética celular y reduce la inflamación, además de favorecer la comunicación entre células y la reparación de tejidos.

En un estudio realizado en 2024 por el equipo de Jeffery, la aplicación localizada de luz roja sobre la espalda de 15 voluntarios sanos redujo en promedio un 28% los niveles de azúcar en sangre frente al grupo control, lo que sugiere posibles efectos metabólicos más allá de la piel.

Beneficios dermatológicos con mayor evidencia

Uno de los campos donde la terapia de luz roja cuenta con más respaldo es el dermatológico, especialmente en el tratamiento del acné.

La dermatóloga Michelle Pavlis, de Duke University, revisó 59 estudios realizados en más de 1,880 personas y concluyó que esta técnica puede alcanzar resultados comparables o incluso superiores a ciertos tratamientos convencionales.

Algunas investigaciones mostraron que, tras 12 semanas de aplicación, las lesiones de acné disminuyeron hasta un 79%.

En cuanto a otras afecciones como psoriasis, rosácea o rejuvenecimiento facial, la evidencia sigue siendo limitada y contradictoria. Aunque algunos pacientes reportan mejoras en arrugas y textura de la piel, varios estudios no detectaron cambios significativos.

Respecto a la alopecia androgénica, ensayos recientes encontraron que el uso de cascos de luz roja durante 16 semanas incrementó más de un 57% la densidad capilar comparado con placebo. No obstante, todavía no se conoce cuánto duran los resultados ni cuál es la configuración óptima del tratamiento.

Aplicaciones médicas y potencial terapéutico

Más allá del ámbito estético, la terapia fotobiomoduladora ha sido estudiada en más de 200 ensayos clínicos relacionados con distintas enfermedades.

Según New Scientist, una revisión reciente halló resultados positivos en 12 de 15 patologías evaluadas, especialmente en personas con fibromialgia, osteoartritis de rodilla y algunos trastornos neurológicos.

En pacientes con fibromialgia, la exposición a luz roja ayudó a disminuir el dolor, el cansancio y mejorar el bienestar general. También se observaron beneficios en osteoartritis y, de forma menos concluyente, en tendinopatías, síndrome de boca ardiente y úlceras diabéticas.

Además, el uso experimental de luz infrarroja transcraneal mostró resultados preliminares prometedores en enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer y Parkinson, así como en lesiones cerebrales traumáticas.

El investigador John Mitrofanis, de University of Grenoble Alpes, señaló que estos hallazgos aún requieren estudios más amplios y protocolos estandarizados, aunque sugieren un posible efecto protector sobre neuronas vulnerables.

Riesgos del uso doméstico

Con el crecimiento de esta industria, el mercado global de terapia de luz roja alcanzó un valor aproximado de 520 millones de dólares en 2021 y podría superar los 800 millones hacia 2031.

Actualmente existen desde máscaras faciales hasta paneles corporales completos para uso doméstico, con precios que van desde cientos hasta miles de dólares.

Sin embargo, algunos dispositivos caseros funcionan con niveles de potencia considerablemente superiores a los utilizados en tratamientos terapéuticos seguros. Mientras la estimulación adecuada de las mitocondrias requiere menos de 1 miliwatt por centímetro cuadrado, ciertos equipos superan los 60 miliwatts.

Según Glen Jeffery, este exceso podría favorecer procesos celulares dañinos y alterar el funcionamiento normal de las células. El investigador advirtió que “más potencia” no necesariamente implica mejores resultados y expresó preocupación por la falta de estudios de largo plazo sobre seguridad.

Por ello, los expertos recomiendan cautela antes de adquirir estos dispositivos, especialmente debido a la falta de regulación y a que algunos podrían ser ineficaces, innecesarios o incluso potencialmente perjudiciales.

Qué investigan actualmente los científicos

A pesar de las dudas sobre algunas promesas comerciales, la investigación médica continúa explorando nuevas aplicaciones de la terapia de luz roja.

Entre las líneas más innovadoras se encuentran estudios que utilizan fibras ópticas para llevar luz a regiones profundas del cerebro, con el objetivo de tratar Parkinson, Alzheimer, accidentes cerebrovasculares y lesiones neurológicas.

Aunque los resultados todavía son preliminares, algunos pacientes reportaron menos fatiga y mejor estado de ánimo tras los tratamientos experimentales.

Actualmente, el consenso científico indica que el mayor potencial de esta terapia podría estar en ayudar a recuperar células que comienzan a mostrar signos tempranos de disfunción, antes de que el daño sea irreversible.

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