Las alertas de calor podrían no activarse lo suficientemente pronto para personas mayores

Un estudio reciente advierte que las olas de calor pueden representar un riesgo significativo para adultos mayores en zonas urbanas, incluso a temperaturas más bajas que las que actualmente se consideran para declarar una emergencia.
Los investigadores encontraron que el peligro de sufrir un golpe de calor o incluso morir aumenta considerablemente cuando el índice de calor alcanza los 90 °F o más durante al menos dos días consecutivos.
En contraste, ciudades como Nueva York suelen activar alertas y abrir centros de enfriamiento solo cuando el índice llega a 95 °F durante dos días seguidos o a 100 °F en cualquier momento.
El Dr. Alexander Azan, autor principal del estudio, explicó que las visitas a urgencias entre adultos mayores vulnerables comienzan a incrementarse desde los 90 °F, lo que sugiere que los umbrales actuales podrían ser demasiado altos.
Además, destacó la importancia de que los sistemas de salud se preparen, especialmente ante el aumento de olas de calor intensas en distintas regiones.
A nivel nacional, las muertes asociadas al calor han crecido cerca de un 17% anual desde 2016, lo que refuerza la preocupación por este problema.
Para el estudio, se analizaron datos de personas de 65 años o más atendidas en dos salas de urgencias de Nueva York durante los veranos de 2022 a 2024, acumulando más de 55,000 visitas médicas.
Una de las salas atendía a una población más diversa y con mayores dificultades económicas, mientras que la otra correspondía a un centro académico con pacientes de mayores ingresos.
Al comparar estos datos con el índice de calor —que combina temperatura y humedad—, se observó que en la primera población el riesgo de emergencias relacionadas con el calor comenzaba a aumentar desde los 66 °F, alcanzando niveles más altos entre 90 y 101 °F.
Según las estimaciones, si las alertas se activaran desde los 90 °F en lugar de 95 °F, se podrían haber evitado alrededor de 116 visitas a urgencias durante el periodo analizado.
Sin embargo, en la segunda sala de urgencias no se encontró una relación significativa entre el calor y las emergencias médicas, lo que sugiere que factores sociales y económicos influyen en la vulnerabilidad.
Los autores concluyen que los sistemas de alerta por calor deberían adaptarse a las características específicas de cada comunidad, ya que un mismo umbral no protege a todos por igual.
Asimismo, proponen aprovechar los datos clínicos electrónicos para diseñar estrategias más personalizadas que permitan prevenir enfermedades y muertes relacionadas con el calor.
Finalmente, los investigadores planean profundizar en cómo las desigualdades sociales incrementan el riesgo de afectaciones por altas temperaturas en personas mayores.
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