Las mujeres tienen menos probabilidades de recibir un tratamiento adecuado en urgencias cardiológicas

Durante el Congreso Anual de Cardiología Internacional (CADECI) 2026, la Claudia L. Mariscal Chávez señaló que las mujeres tienen menor probabilidad que los hombres de recibir una intervención coronaria percutánea cuando padecen cardiopatía isquémica.
La especialista subrayó que, aunque esta enfermedad sigue siendo la principal causa de muerte en mujeres a nivel mundial, su participación en ensayos clínicos continúa siendo limitada, lo que genera dudas sobre si los resultados de muchas investigaciones son totalmente aplicables a la población femenina.
Además de compartir factores de riesgo tradicionales como diabetes, hipertensión y alteraciones en los lípidos, las mujeres enfrentan condiciones propias —como la menopausia temprana, complicaciones durante el embarazo o el síndrome de ovario poliquístico— que incrementan su riesgo cardiovascular. A esto se suman factores psicosociales, como la desigualdad económica o la violencia de pareja, que pueden dificultar el acceso oportuno a la atención médica.
La presentación de la enfermedad también suele ser distinta en mujeres: aparece a mayor edad, con frecuencia después de la menopausia y acompañada de más comorbilidades. Asimismo, las pruebas diagnósticas no invasivas tienden a ser menos precisas en ellas debido a diferencias anatómicas y factores técnicos. En muchos casos, la enfermedad coronaria femenina es menos obstructiva y más difusa, lo que complica su detección y tratamiento.
Incluso cuando se realiza una intervención, los resultados a largo plazo suelen ser menos favorables. Estudios han mostrado que, a cinco años, las mujeres presentan más eventos cardiovasculares adversos y mayor necesidad de nuevos procedimientos, lo que posiciona al sexo femenino como un factor independiente de riesgo en estos desenlaces.
La experta también destacó que cerca de la mitad de las mujeres de mediana edad con síntomas presentan enfermedad microvascular, lo que requiere enfoques diagnósticos y terapéuticos específicos. En pacientes mayores, además, se ha observado un menor uso de tecnologías avanzadas como los stents liberadores de fármacos y técnicas de angioplastia más precisas.
No obstante, el uso de herramientas como la imagen intravascular ha demostrado mejorar los resultados en mujeres, reduciendo complicaciones y acercando los desenlaces a los observados en hombres, incluso en casos complejos.
En el manejo agudo, persisten diferencias importantes: las mujeres tienen menos probabilidades de recibir tratamiento oportuno en infartos, así como de ser trasladadas a centros especializados, lo que impacta negativamente en su pronóstico.
También existen diferencias en la interpretación de biomarcadores, como la troponina, cuyos niveles suelen ser más bajos en mujeres, lo que sugiere la necesidad de establecer valores de referencia específicos por sexo.
Finalmente, la cardióloga cuestionó herramientas clínicas ampliamente utilizadas que no consideran el género en la evaluación del riesgo. Incorporar esta variable podría reclasificar a un número significativo de mujeres hacia categorías de mayor riesgo, facilitando intervenciones más tempranas y mejores resultados.
Entre las principales recomendaciones destacan promover el uso de imagen intravascular en mujeres, ajustar los criterios diagnósticos según el sexo, actualizar las escalas de riesgo, mejorar el acceso a centros especializados y aumentar la participación femenina en estudios clínicos para lograr una atención más equitativa y efectiva.
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