Optometrista u oftalmólogo: cuál es la diferencia y cuándo consultar a cada uno

Es frecuente que las personas no distingan entre un oftalmólogo y un optometrista cuando buscan atención por molestias visuales. Sin embargo, elegir al especialista adecuado es clave para cuidar la salud ocular, ya que cada profesional cumple funciones específicas, de acuerdo con la Cleveland Clinic.
Formación y funciones: tres perfiles distintos en el cuidado de la vista
Las diferencias entre oftalmólogo, optometrista y óptico se basan en su nivel de formación, atribuciones y campo de acción. El oftalmólogo es un médico con especialidad en oftalmología, capacitado para diagnosticar y tratar todo tipo de enfermedades oculares, además de realizar cirugías.
El optometrista es un profesional especializado en optometría que se encarga de evaluar la visión, indicar lentes correctivos y detectar alteraciones visuales comunes. Por su parte, el óptico se dedica a la adaptación de gafas y lentes de contacto siguiendo prescripciones médicas, pero no está autorizado para diagnosticar ni tratar patologías.
La preparación académica marca límites claros entre ellos. El oftalmólogo debe completar la carrera de medicina y posteriormente especializarse, pudiendo profundizar en áreas como oftalmología pediátrica, cirugía de párpados o patologías de la córnea.
En cambio, el optometrista cursa estudios universitarios y cuatro años adicionales en optometría, con la posibilidad de realizar una residencia adicional. El óptico recibe formación técnica enfocada en la adaptación de dispositivos ópticos, sin participar en el diagnóstico clínico.
Cuándo acudir a cada profesional
En el ámbito asistencial, el oftalmólogo realiza evaluaciones completas, prescribe medicamentos —incluidos tratamientos de mayor complejidad— y es el único habilitado para practicar cirugías o tratar enfermedades graves. Es el especialista indicado ante problemas como desprendimiento de retina, glaucoma avanzado o trasplantes de córnea.
El optometrista suele ser el primer punto de consulta. Puede llevar a cabo exámenes visuales, identificar defectos refractivos como miopía o astigmatismo y manejar afecciones leves, como algunas infecciones oculares. Si detecta señales de una patología más seria, infecciones persistentes o necesidad de cirugía, debe derivar al paciente a un oftalmólogo.
Las intervenciones quirúrgicas, incluida la cirugía láser ocular, requieren necesariamente la participación de un oftalmólogo, quien también se encarga del control posterior. La adaptación de lentes de contacto generalmente corresponde al optometrista, siempre que no existan enfermedades oculares importantes.
El óptico cumple una función técnica: ajustar y entregar gafas o lentes de contacto conforme a la receta emitida por el oftalmólogo o el optometrista, sin intervenir en diagnósticos ni tratamientos.
Prevención y atención oportuna
Ante síntomas como visión borrosa, dolor en los ojos o la aparición de “moscas volantes”, lo habitual es comenzar con una consulta al optometrista para una revisión inicial. Si se identifican complicaciones relevantes, el paciente será remitido al oftalmólogo. No obstante, en caso de síntomas severos o situaciones urgentes, se recomienda acudir directamente al médico especialista.
En la infancia, la detección temprana también es fundamental. Se aconseja realizar un examen visual completo alrededor de los 5 o 6 años, antes del ingreso escolar. En esta etapa, el optometrista puede identificar problemas de enfoque, coordinación ocular o alteraciones que afecten el rendimiento académico. Si se sospechan enfermedades o anomalías estructurales, el niño será derivado al oftalmólogo.
Los controles periódicos resultan esenciales para preservar la visión. Las revisiones regulares permiten detectar trastornos en fases tempranas, especialmente en personas con antecedentes familiares, diabetes u otros factores de riesgo. En general, se recomienda una evaluación anual, aumentando la frecuencia si aparecen síntomas.
En síntesis, el optometrista es apropiado para chequeos generales o dudas iniciales, mientras que el oftalmólogo es indispensable ante enfermedades graves, cirugías o seguimiento especializado. La vigilancia continua y el diagnóstico precoz constituyen la mejor estrategia para proteger la salud visual.
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