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Por qué el sueño de calidad mejora la memoria, la creatividad y el bienestar emocional

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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Dormir de manera adecuada no solo sirve para recuperar energía física, sino que tiene un papel determinante en el equilibrio mental.

En todo el mundo, millones de personas experimentan problemas para alcanzar un descanso profundo y suficiente, una situación que se presenta tanto en entornos urbanos como rurales y que afecta a individuos de todas las edades. La importancia de dormir bien radica en su vínculo directo con la salud psicológica.

El sueño contribuye a regular las emociones, fortalecer la memoria y preservar el bienestar emocional. Sin embargo, lograr un descanso apropiado se vuelve cada vez más complejo frente a las demandas laborales, sociales y el uso constante de dispositivos electrónicos.

De acuerdo con Mayo Clinic, mantener un buen descanso es esencial para la estabilidad mental y emocional. La privación de sueño altera la capacidad de regular emociones, afecta la memoria y la concentración, y puede incrementar el riesgo de ansiedad, depresión y otros trastornos. Por ello, establecer una rutina de sueño adecuada es fundamental para prevenir cambios negativos en el estado de ánimo y favorecer la salud integral.

A pesar de ello, dormir poco se ha normalizado en la vida actual. Muchas personas consideran habitual sentirse agotadas, rendir con fatiga durante el día o descansar menos horas de las recomendadas. Las jornadas extensas, el uso prolongado de pantallas y la irregularidad en los horarios influyen en esta problemática.

Los especialistas subrayan que las consecuencias de un mal descanso no se limitan al cansancio corporal. Diversas investigaciones indican que la falta de sueño modifica la manera en que las personas piensan, sienten y se vinculan con los demás.

El descanso nocturno no solo restaura energía; también equilibra los procesos químicos del cerebro, facilita el manejo de las emociones y consolida los recuerdos. Según el psicólogo clínico Diego Sebastián Rojo, cuando el sueño se interrumpe con frecuencia, surgen dificultades para concentrarse, mayor irritabilidad y menor tolerancia al estrés.

Asimismo, la American Psychological Association advierte que dormir poco interfiere con los mecanismos de regulación emocional y cognitiva. Cuando esta situación se vuelve crónica, aumenta la susceptibilidad al estrés, los cambios de humor y los trastornos emocionales, además de dificultar la adaptación a las exigencias diarias.

En cuanto a la regulación emocional, el sueño cumple una función central. Durante la noche, el cerebro organiza información, ajusta respuestas emocionales y restablece su equilibrio interno. Las personas con horarios de descanso regulares suelen reaccionar con mayor serenidad ante conflictos y tolerar mejor la frustración.

Quienes reducen sistemáticamente sus horas de sueño tienden a experimentar mayor fatiga mental, menor control emocional y respuestas más intensas ante situaciones estresantes. Este desgaste impacta de forma directa en la calidad de vida y en la capacidad de afrontar los desafíos cotidianos.

Los efectos negativos no provienen de una sola noche de insomnio, sino de la acumulación de días con descanso insuficiente. Aunque el organismo puede adaptarse temporalmente, la persistencia de malos hábitos de sueño incrementa el riesgo de ansiedad y estados de ánimo bajos.

Dormir bien no significa únicamente pasar muchas horas en la cama. Implica mantener regularidad, asegurar la calidad del descanso y respetar los ritmos biológicos. Esto incluye horarios estables para acostarse y levantarse, un entorno adecuado y rutinas que favorezcan la relajación previa al sueño.

La mayoría de los adultos necesita entre siete y ocho horas de sueño por noche, aunque pueden existir variaciones individuales. Cuando el descanso habitual se sitúa por debajo de ese rango, el cerebro comienza a funcionar en condiciones menos óptimas. En adolescentes y adultos mayores las necesidades pueden variar, pero el principio es el mismo: la regularidad del sueño protege la salud mental.

Una rutina de descanso saludable mejora la atención, la memoria y la creatividad. También disminuye la irritabilidad, fortalece la flexibilidad mental y permite enfrentar las dificultades con mayor eficacia. Aunque dormir bien no elimina los problemas, sí proporciona mejores herramientas internas para gestionarlos.

Entre los beneficios psicológicos más evidentes se encuentra una mejor regulación emocional, mayor claridad mental y mejor capacidad de concentración. Además, durante el sueño el cerebro organiza y consolida los recuerdos, lo que facilita el aprendizaje. El sistema nervioso permanece menos reactivo, reduciendo así la irritabilidad y el agotamiento mental.

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