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Redes sociales y adolescentes: cuáles son los riesgos y a partir de qué edad recomiendan el acceso

ENFERMEDADES
Redacción El Tiempo
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La discusión sobre la edad adecuada para que los adolescentes comiencen a utilizar redes sociales presenta posturas diversas y genera debate tanto en las familias como entre los profesionales de la salud y la educación.

Mientras muchos padres permiten que sus hijos accedan a estas plataformas a edades cada vez más tempranas, especialistas coinciden en advertir sobre los efectos que el uso intensivo de la tecnología puede tener en la salud física, emocional y cognitiva de niños y adolescentes.

El tema volvió a cobrar relevancia luego de que la Asamblea Nacional de Francia aprobara un proyecto de ley que propone prohibir el acceso a redes sociales a menores de 15 años y limitar el uso de teléfonos móviles en las escuelas secundarias. La iniciativa, impulsada por el presidente Emmanuel Macron y la diputada Laure Miller, obtuvo un amplio respaldo parlamentario con 130 votos a favor y 21 en contra, aunque aún debe ser tratada por el Senado para convertirse en ley.

La propuesta surge como respuesta a la creciente preocupación por el impacto del entorno digital en la salud mental juvenil. Informes de organismos oficiales, como la Agencia Francesa de Seguridad Alimentaria, Ambiental y Laboral (ANSES), alertan sobre alteraciones del sueño, deterioro del bienestar emocional y el desarrollo de conductas adictivas vinculadas al uso de redes sociales. A esto se suman riesgos como la comparación social constante, el acceso a contenidos violentos y el ciberacoso.

Francia no es el único país que avanza en este sentido. Australia implementó en diciembre una normativa que restringe el acceso de menores de 16 años a redes sociales, con sanciones económicas severas para las plataformas que no cumplan. Malasia prevé aplicar medidas similares a partir de 2026, mientras que países como Dinamarca, Grecia, Rumanía y Nueva Zelanda también evalúan regulaciones más estrictas. En el caso francés, la legislación deberá además alinearse con el reglamento de servicios digitales de la Unión Europea.

El presidente Macron defendió la iniciativa señalando que el futuro y las aspiraciones de los jóvenes no deberían estar definidos por algoritmos ni condicionados por intereses comerciales externos. En la misma línea, la diputada Miller sostuvo que no es razonable dejar que los menores enfrenten solos un entorno diseñado para generar dependencia, y recordó que numerosos estudios muestran que el uso excesivo de redes sociales se asocia con menos horas de sueño, menor actividad física y una reducción del hábito de la lectura.

El ministro de Educación, Édouard Geffray, también respaldó el proyecto y destacó los beneficios observados en restricciones similares aplicadas desde 2018 en otros niveles educativos. Según explicó, el tiempo excesivo frente a las pantallas interfiere con el aprendizaje y reduce la atención en el aula.

Desde el ámbito de la salud mental, los expertos advierten que la sobreexposición digital constituye un riesgo real para los adolescentes. La psiquiatra especializada en adicciones Geraldine Peronace señaló que el uso intensivo de pantallas se vincula con un aumento de trastornos mentales en menores, y subrayó que la salud emocional de esta población está seriamente comprometida. Entre los principales peligros mencionó el acoso en línea, el bullying digital y la presión por obtener aprobación inmediata a través de interacciones virtuales.

La psiquiatra infantojuvenil Andrea Abadi, directora del Departamento Infantojuvenil de Ineco, sostuvo que la conectividad permanente interfiere con el desarrollo de habilidades sociales y emocionales fundamentales. En este contexto, la búsqueda constante de “likes” y validación externa puede erosionar la autoestima y favorecer cuadros de ansiedad y depresión.

Respecto a la edad de menor riesgo, la mayoría de los especialistas coincide en que las redes sociales no deberían utilizarse antes de los 16 años. Un estudio publicado en The Journal of the American Medical Association en 2025, que analizó a más de 6.500 niños en Estados Unidos, encontró que el uso de redes sociales antes de los 13 años se asocia con un peor desempeño en pruebas de memoria, lectura y lenguaje, incluso cuando la exposición diaria era limitada.

La investigación, liderada por el doctor Jason Nagata de la Universidad de California en San Francisco, sugiere que el cerebro en etapas tempranas de la adolescencia es especialmente vulnerable a la estimulación constante de las redes sociales. Los autores plantean que el tiempo dedicado a estas plataformas desplaza actividades esenciales para el desarrollo cognitivo, como la lectura y el estudio, lo que podría afectar el rendimiento académico.

En línea con estas conclusiones, el psicólogo especializado en adolescencia Alejandro Schujman citó el libro La generación ansiosa, de Jonathan Haidt, donde se describe cómo la expansión de los smartphones y las redes sociales desde 2010 modificó profundamente la infancia y fragmentó la capacidad de atención. Haidt recomienda no entregar teléfonos inteligentes antes de los 14 años ni permitir el acceso a redes sociales antes de los 16, al vincular su uso con conductas adictivas y trastornos del sueño.

Schujman destacó la importancia de la intervención adulta, recordando una frase atribuida a la hija de Haidt: “Sacame el iPad, yo sola no puedo”, como reflejo de la dificultad de los menores para autorregularse.

Por su parte, la pediatra Silvina Pedrouzo, especialista en el impacto de las tecnologías de la información en niños y adolescentes y referente de la Sociedad Argentina de Pediatría, remarcó que los menores no cuentan con la madurez necesaria para tomar decisiones responsables sobre el uso de la tecnología. Recomendó establecer límites claros, promover actividades fuera de línea y mantener un diálogo constante sobre los riesgos del entorno digital, con supervisión del tiempo y los contenidos.

Los especialistas coinciden en que el ámbito familiar cumple un rol central en la prevención. La presencia activa de adultos, junto con la supervisión y el acompañamiento, resulta clave para reducir los efectos negativos de las redes sociales. En este contexto, la iniciativa francesa se suma al debate global sobre cómo proteger el bienestar emocional de niños y adolescentes frente a un entorno digital cada vez más invasivo, reforzando la idea de que la infancia no debería quedar a merced de intereses tecnológicos ajenos a su salud y desarrollo.

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